Missionário da Consolata na Colômbia e no Equador...

domingo, 12 de julho de 2015

Líderes religiosos unidos por la paz - Colombia


Por primera vez en la historia se unen para clamarles al gobierno y a la guerrilla que las armas son un error, y la palabra, el camino correcto.


En muchos lugares y en todos los tiempos las creencias religiosas han azuzado las guerras. Mucha gente ha matado o se ha inmolado por defender su idea de Dios, del bien y del mal; de los fieles y los infieles. Pero así como las religiones han contribuido a la violencia durante siglos, también han sido bálsamo para muchos creyentes que encuentran en ellas un aliciente de esperanza en medio del dolor. En tiempos de paz, la dimensión espiritual cobra especial relevancia. Porque casi todas las religiones y doctrinas enarbolan la palabra como el medio idóneo para la convivencia; reconocen el perdón como una experiencia sanadora; y alientan en los seres humanos su capacidad transformadora.
Por eso es tan trascendente que en Colombia los más importantes líderes religiosos, de todas las confesiones y creencias, se hayan unido para enviarles una carta a las delegaciones de gobierno y guerrilla en La Habana, clamando por un acuerdo que deje atrás la guerra. Lo hacen dejando de lado muchas de sus diferencias, en un momento en el que hay sombras e incertidumbres sobre el proceso de paz.
Los firmantes son 26 líderes de las Iglesias católica, anglicana, luterana, presbiteriana, ortodoxa, evangélica, menonita, instituciones que trabajan por la reconciliación asociadas a diferentes credos, así como comunidades islámicas e indígenas. 
Aunque muchos de ellos coinciden en los territorios más afectados por el conflicto, y tienen experiencia de trabajo con víctimas en favor de la reconciliación y el cambio social, pocas veces han trabajado unidos. Todos, sin embargo, entienden que tienen un papel crucial en este momento de la historia, en el que Colombia enfrenta el reto de reconocer y cerrar las heridas que ha dejado una guerra prolongada, que se ensañó con los más débiles. Y que deben trabajar juntos, porque así lo exige el momento.
Sus experiencias comunitarias van desde la resolución de conflictos, como lo hacen por ejemplo los palabreros wayúu, pasando por acompañamiento a procesos de resiliencia a víctimas duramente golpeadas por la guerra; trabajo con desmovilizados; justicia restaurativa y defensa de derechos humanos, entre muchas otras. Muchos de ellos incluso han sido martirizados por la violencia, perseguidos o estigmatizados.
En la carta titulada ‘Las armas son el fracaso de la palabra’, rechazan el uso de las armas, pues van en contravía de la dignidad humana, e invocan el poder del diálogo. Reconocen que hay factores objetivos asociados a la violencia, como la inequidad, y también otros de orden moral, como la venganza y el rencor (ver carta completa).
“La carta refleja lo que debe ser una Nación, unión en medio de las diferencias”, dice el pastor Édgar Castaño, presidente del Consejo Evangélico de Colombia, (Cedecol).
La coordinadora de asuntos religiosos y asesora del despacho del Ministerio del Interior, Lorena Ríos, quien ha venido acompañando a las Iglesias, confesiones y comunidades, resaltó el carácter histórico de este manifiesto. También las implicaciones prácticas que tendrá, pues en el Plan Nacional de Desarrollo se incluyó un artículo que reconoce al sector religioso como un actor social clave en la construcción de paz.
La iniciativa de esta carta surgió de un encuentro interreligioso que buscaba reflexionar acerca del rol de las confesiones religiosas en la paz que organizó Cree en la Reconciliación, un proyecto de Reconciliación Colombia.
“Queremos decirles que no justificamos ni legitimamos las armas. Con el uso de las armas se han transgredido los más elementales principios de humanidad”, dice un fragmento que añadió al comunicado el padre Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación. Si en algo están todos ellos de acuerdo es en que la reconciliación es un aspecto transversal a todos los credos y que la unión de todos hará más potente su voz. Lo que buscan, por supuesto, es que esta voz llegue hasta La Habana, y cale en el espíritu de cada uno de los que allí están definiendo el futuro que le espera a Colombia, si el de la paz o el de una guerra eterna.
“Hay una crisis espiritual en Colombia de la cual las religiones hemos sido partícipes o porque no hemos hecho lo que corresponde o porque a través de la historia hemos dado lugar a momentos de mucha violencia”, dice el padre Francisco de Roux, firmante de la carta.
Al respecto, ellos toman la delantera reconociendo sus errores y anticipando el perdón: “En muchas ocasiones los líderes de las Iglesias y de varias confesiones religiosas hemos contribuido a la violencia en Colombia, sentimos ahora la urgencia de recuperar y posicionar la cultura ciudadana del perdón como vacuna y remedio poderoso contra ese perverso y eterno retorno de las venganzas”.
Su llamado es a entender el pasado y concentrarse en el futuro. “Sin perdón no hay futuro”, dicen, citando al premio nobel de Paz Desmond Tutu.
Jenny Neme, directora de Justapaz, de la comunidad menonita, dice que la importancia de esta declaración conjunta, además de hacer más sonora la voz de estas Iglesias, es que demuestra la diversidad de confesiones religiosas que hay en el país, y su gran potencial en un escenario de reconciliación. “Nuestro aporte a la construcción  de la paz ha sido muy importante y también poco conocido”.
En la carta, que llegará esta semana a La Habana, se exhorta a las partes a que no se levanten de la Mesa, que actualmente atraviesa el momento más crítico, y a que persistan hasta lograr los acuerdos que pongan fin a la guerra. El comunicado firmado por representantes de las diferentes comunidades religiosas de Colombia finaliza diciendo: “Oraremos por una paz posible en Colombia y ofrecemos nuestros dones y talentos para la transformación de nuestro país. Ni una vida más para la guerra, todas las vidas para la paz”.
En momentos como el actual, en el que la guerra arrecia y la política parece agotarse, la dimensión espiritual, que apela a la ética, puede abrir una nueva brecha de entendimiento. Una esperanza.
Fuente: Revista Semana

quinta-feira, 23 de outubro de 2014

ENCUENTRO DE PASTORAL INDÍGENA IMC-MC-LMC DE COLOMBIA-ECUADOR-PERÚ

Entre 13 y 16 de octubre de 2014, se realizó el Encuentro anual de la Pastoral Indígena de la familia Consolata, en Puerto Leguízamo – Colombia. Participaron del encuentro: misioneros que acompañan pueblos indígenas en Colombia (Toribio, Jambaló, Solano, La Tagua, Puerto Leguízamo y Puerto Ospina), Ecuador (Sucumbíos y Licto) y Perú (Soplín Vargas); tres indígenas Nasa de Jambaló y Toribio; una misionera de la Consolata, Hna. Idefonsia Kihaka; tres laicos del Vicariato de Pto. Leguízamo-Solano; P. Benjamín Martínez, vice-superior IMC y Mons. Joaquín Pinzón, obispo vicario apostólico de Pto. Leguízamo-Solano.

El encuentro se desarrolló a fin de seguir el proceso “…para el fortalecimiento de la Iglesia con rostro, pensamiento y corazón indígena…”, desde nuestro carisma de la consolación. El encuentro fue fortalecido con los momentos de espiritualidad, profundamente marcados por signos culturales e iluminados por la Palabra de Dios.

En el primer día, el P. Fernando Flórez hizo memoria del camino recorrido desde 2010 como misioneros, misioneras y laicos de la Consolata y una síntesis histórica de la presencia junto a los pueblos indígenas en Colombia, Ecuador y Perú. En seguida, se dedicó un tiempo mirando a nuestras presencias actuales y el camino que estamos haciendo (también los misioneros que están en La Unión, Valle, nos enviaron sus aportes vía e-mail).

En segundo día fue dedicado a iluminación, desde las voces e inspiraciones que vienen de la Iglesia y de los pueblos indígenas en camino: “Espiritualidad de la misión hoy-aquí, en el marco de la consolación” (Ezio Roattino); “El Equipo Misionero y su influencia en el Norte del Cauca” (Naftaly Matogi); “La Red Eclesial Pan-Amazónica – REPAM” (Julio Caldeira); “El conflicto armando y la violencia endémica en Colombia” (Benjamín Martínez).


El tercer día, fue dedicado a reflexionar como continuar nuestro camino de acompañamiento y retomar el proceso de reflexión juntos como misioneros, misioneras y laicos de la Consolata. Se reafirmó nuestro objetivo de la Pastoral Indígena, elaborado en 2012, que es  “caminar con los pueblos indígenas, en el hoy de nuestra historia, partiendo del Evangelio de Jesús, de sus planes de vida y de nuestro carisma de consolación liberadora; conociendo y profundizando sus culturas y realidades por medio del diálogo intercultural y de espiritualidades para fortalecer la vida integral, comunitaria y personal, a fin de que haya vida en abundancia para todos y todas” (Sumak Kawsay).

Y también se hicieron algunas propuestas correspondientes a la reflexión de estos días y de los encuentros anteriores, que pueden ser resumidos así:
ü Que el misionero destinado al mundo indígena tenga gusto, convicción personal y disposición a la formación específica, si es posible desde la formación de base. Tener un tiempo de inducción necesario para conocer la realidad del mundo indígena.
ü Que haya  un equipo coordinador conformado por IMC, MC y LMC que articule esta opción.
ü Que haya equipos zonales que garanticen la continuidad del proceso, diferenciando las dinámicas del mundo indígena amazónico del andino.
ü Que se realice un encuentro anual con temas específicos y con presencia agentes pastorales, animadores y servidores indígenas.
ü Tener presente el mapa indígena de nuestras presencias en el continente para saber dónde estamos, el número de indígenas y el número de misioneros disponibles para el trabajo con la Pastoral Indígena.
ü Llevar una propuesta incidente a los Capítulos Generales de parte de la Pastoral Indígena.
ü Que las conclusiones de Puerto Leguízamo garantice un camino auténtico a seguir y pueda ser evaluado en la continuidad.

Se definió que el coordinador de la Pastoral Indígena a nivel IMC es el P. Fernando Flórez, que contará con la colaboración de los padres Naftaly Matogi (presencia Andina), Julio Caldeira (Ecuador) y Jenaro Ardila (Vicariato Pto. Leguízamo-Solano). Para tal coordinación es importante involucrar las misioneras y los laicos de la Consolata, pues este camino es fruto de un camino coordinado entre toda la familia Consolata. Se definió que el próximo encuentro será realizado en Lago Agrio – Ecuador, de 14 a 18 de septiembre de 2015, desde el tema iluminador “diálogo entre Evangelio y cultura, desde las prácticas religiosas ancestrales”, con la presencia de IMC, MC y LMC y la participación de dos líderes indígenas de cada una de nuestras presencias.

El encuentro finalizó con la celebración eucarística en la catedral, presidida por Mons. Joaquín Pinzón y una visita y diálogo con representantes del pueblo Murui, en la maloca de Puerto Leguízamo.


sexta-feira, 13 de junho de 2014

2014-06-13 Radio Vaticana
(RV). En la tarde de este jueves, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia privada al Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y autorizó a la Congregación promulgar los siguientes decretos:
- Y el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Irene Stefani, religiosa profesa del Instituto de las Misioneras de la Consolata; nacida en Anfo (Italia) 22 de agosto 1891 y fallecida en Gekondi (Kenya) 31 de octubre 1930;

¡ IRENE STEFANI, 

  RUEGA POR NOSOTROS !

quinta-feira, 12 de setembro de 2013

El Instituto Misiones Consolata – IMC



No se puede entender con el sentido común,
desafía la lógica y la misma razón.
Es Instituto, organismo vivo y no solo organización
Es Misión y no solo acción
Es de la Consolata, Madre del Don, Carisma para la comunión.

Como Institución, asemeja al verde árbol, enraizado y en crecimiento,
organismo vivo, organizado y fecundo.
Como Misión, vuela, entre la aurora y el ocaso, en el virginal azul del cielo,
visita del Sol naciente que calienta fecundando, anima iluminando y cuida alimentando.
Como Carisma, circula por el tronco, como linfa cultural absorbida de forma natural,
rojo corazón de sangre viva para que todos tenga vida.

El verde de la Institución está en el tronco, consolación niña para la cruz y la resurrección.
El azul de la Misión está en María, manto de consolación en la aflicción.
El rojo del Carisma está dentro, lo invade todo como el fuego y el viento.
Colores primarios del espectro internacional e intercultural.

Un árbol con raíces
Eso es el Instituto Misiones Consolata.
Paradoja misteriosa pero real.
Misteriosa por ser de la Consolata que es de Dios,
real por ser nuestro, alimentado y cultivado por los pueblos del mundo.

Salvador Medina imc
Noviciado IMC - Martín Coronado (Argentina) 2013

quinta-feira, 31 de janeiro de 2013

LA PUERTA DE LA FE - "Porta Fidei"



MINUTO DE LA FE - DIARIAMENTE TRASMITIDO POR LA RADIO SUCUMBÍOS

RESUMEN DE LA "PORTA FIDEI" (del 7 de enero a 2 de febrero de 2013)

7 enero: INTRODUCCIÓN: ¿Ya leíste la Carta Apostólica «Porta Fidei» en donde el Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que ha comenzado el 11 de octubre de 2012, en el aniversario de cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013? Para los que no han tenido oportunidad de leer la Carta del Papa intitulado “Porta Fidei” (La puerta de la fe), diariamente iremos reflexionar una partecita. Acompáñenos y profundice elementos esenciales de su fe.

8 enero: «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Esto se cumple cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida” (Porta Fidei, n.1).

9 enero: Profesar la fe en la Trinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo – equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor” (Porta Fidei, n.1).

10 enero: Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas. Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14)” (Porta Fidei, n.2-3).

11 enero: Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación” (Porta Fidei, n.3).

12 enero: Las enseñanzas del Concilio Vaticano II, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»” (Porta Fidei, n.5).

14 enero: “La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31)” (Porta Fidei, n.6).

15 enero:Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Porta Fidei, n.7).

16 enero: La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo»” (Porta Fidei, n.7).

17 enero: Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree” (Porta Fidei, n.9-10).

 18 enero: “No podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de «lo que vale y permanece siempre” (Porta Fidei, n. 10).

19 enero: La utilidad del Catecismo de la Iglesia Católica: “Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica” (Porta Fidei, n.11).

21 enero: En su estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.” (Porta Fidei, n.11).

22 enero: El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año de la Fe un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. (Hay una nota con indicaciones pastorales de la Congregación para la Doctrina de la Fe) que se ofrece a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.” (Porta Fidei, n.12).

23 enero: La fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.” (Porta Fidei, n.12).

24 enero: A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras la santidad pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, el pecado debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.” (Porta Fidei, n.13).

 25 enero: “Durante este Año de la Fe, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.” (Porta Fidei, n. 13).

26 enero: Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).” (Porta Fidei, n.13).

28 enero: Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf.Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.(Porta Fidei, n.13).


29 enero: Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47). Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.” (Porta Fidei, n.13).

30 enero:Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).” (Porta Fidei, n.13).

31 enero: Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf.Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.” (Porta Fidei, n.13).

01 febrero: El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros.” (Porta Fidei, n. 14).

02 febrero: «Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.  Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte, (…) y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.” (Porta Fidei, n.15).



sábado, 5 de janeiro de 2013

MINUTO DE LA FE - DIARIAMENTE POR LA RADIO SUCUMBÍOS



MENSAJES GRABADAS POR MONS. PAOLO MIETTO, Administrador Apostólico de la Iglesia San Miguel de Sucumbíos - Ecuador:


1 enero: Hoy comenzamos con esta iniciativa de llevar adelante el “Minuto de la Fe”, en el marco del “Año de la Fe”. Invito a que todos los católicos cada día participen con nosotros de este “Minuto de la Fe” y que domingo a las 17h acompañen el programa “Dios con Nosotros” donde vamos a profundizar elementos de la vivencia de la fe, cada semana animada por un sector, zona pastoral o parroquia de nuestro Vicariato. ¡Vivamos juntos el Año de la Fe! Y que la bendición de Dios misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

2 enero: “Queridos hermanos católicos, vivamos este año participando en las numerosas iniciativas que se irán ofreciendo para hacer más adulta nuestra fe y para transmitirla a todos como verdaderos discípulos y misioneros, según nos han indicado los obispos reunidos en Aparecida” (Carta Pastoral de Mons. Mietto). Hermanos y hermanas de Sucumbíos, caminemos juntos para construir una “Iglesia, que sea Casa y Escuela de Comunión”.

3 enero: Vivamos el Año de la Fe, convocado por el papa Benedicto XVI. “En efecto, la fe es la puerta que desde nuestro Bautismo nos introduce en la vida de unión, de comunión con Dios y con los hermanos y hermanas y nos permite entrar en el Pueblo de Dios que es la Iglesia” (Carta Pastoral de Mons. Mietto).

4 enero: ¿Qué es la Fe? “Es un regalo de Dios, que recibimos por medio de nuestros papás y mamás… pero también por los misioneros y misioneras que, hacen muchos años atrás, fueron por varios países del mundo para hacer conocer a Jesús, a su mamita la Virgen María, a los amigos y amigas de Jesús, como son los cristianos, los sacerdotes, obispos y el papa. Hay que agradecer a todas las personas que dejan su casa, sus familias, su trabajo y sus parientes para ir a transmitir su fe donde la fe no es todavía conocida” (adaptado de la Carta Pastoral de Mons. Mietto).

5 enero: ¿Cómo vivir el Año de la Fe? Por varios medios, pero sobre todo conociendo la carta del Papa Benedicto XVI llamada Porta Fidei (La Puerta de la Fe) por ocasión del Año de la Fe, profundizando nuestras experiencias personales y comunitarias de fe de cada día, y, estudiando detalladamente el “Catecismo de la Iglesia Católica” y los “Documentos del Concilio Vaticano II”, como nos propone el propio papa. Todo esto buscaremos profundizar diariamente en este Minuto de la Fe.

6 enero: Entrevista con Mons. Paolo Mietto sobre el Año de la Fe.