Missionário da Consolata na Colômbia e no Equador...

sábado, 21 de abril de 2012

Cambios eclesiológicos y misionológicos de la Iglesia Católico desde el Concilio Vaticano II (1962-1965)

Por: Julio Caldeira, imc *

Vivimos en una época de cambios rápidos (y de “cambio de época”) que generan nuevas perspectivas y maneras de relacionarse entre las personas, grupos y naciones; la gente se siente afectada en su identidad, y es llevada a preguntarse constantemente ¿quién soy yo? A nivel religioso vemos lo mismo, con los cambios de los últimos años y las nuevas perspectivas de la vivencia de la fe, la gente se aleja de la vida religiosa o busca cada vez más seguridad en modelos que dan una respuesta pronta para su vida (muchas veces sin reflexionar la verdad y autenticidad de estos modelos), pues la novedad trae riesgos para la seguridad y la identidad; es más fácil quedarse con modelos y estructuras que dan la idea de seguridad, que cambiar para crecer y superar estructuras superadas que no responden a la realidad y a los “nuevos tiempos”.
 En la Iglesia Católica vemos una cantidad de posiciones encontradas: desde un fervor misionero hasta el más fuerte desánimo y desorientación… al mismo tiempo, observamos una fuerte tendencia al relativismo o al fundamentalismo, que vienen creciendo en los últimos años, llevando a muchas discusiones y hasta divisiones en lo que se refiere a la práctica religiosa. En la práctica misionera ad gentes, que tiene el ideal de anunciar el Evangelio a aquellos que todavía no conocen a Jesús, se presentan cuestionamientos sobre su validez y práctica entre estos pueblos…
Para ello es importante conocer los cambios generados en las últimas décadas.
1)                 Antes del Concilio Vaticano II:
Dentro de la “teología de la cristiandad”, que perduró hasta mitad del siglo XX, existía una idea por la cual  todos creían normal que la Iglesia y la teología se definiesen por la cristiandad y sus actividades. Tal teología unida al proyecto misionero, que estaba en el interior de la Iglesia y en su expansión, tenía el objetivo de:
a)      Convertir: “dejar atrás” las propias creencias, supersticiones y la manera de vivir para aceptar el modelo misionero occidental, conocido como “conquista espiritual”;
b)      Traer hacia adentro pues “fuera de la Iglesia no hay salvación”: este axioma orientó todo el camino estricto de la misión durante la cristiandad (siglos XIII-XX);
c)      Bautizar para salvar las almas: visto como puerta de entrada para la eternidad, se bautizaba a todas las personas (a quienes lo pedían y también a quienes no lo pedían), sin preocuparse por una autentica evangelización[1];
d)      Expandir la Iglesia: se buscaba un crecimiento cuantitativo, sin importar que para ello tuviese que hacer “pactos” con los gobiernos aliados y por eso se limitase la verdadera evangelización . Todo en la Iglesia era considerado perfecto y establecido (no había el “respeto por el otro, por el diferente”, pues quien está fuera no tiene nada que ofrecer); se debería “catequizar” a las personas con las “santas enseñanzas de la doctrina y de la civilización” para llenar el vacío y garantizar la salvación de ellas. La Iglesia era una institución identificada con el Reino de Dios (el Reino de Dios es propiedad de la Iglesia, que Cristo fundó y la que le dio las llaves del Reino);
e)      ¿Quién era el misionero que partía para “las misiones”/“tierras de la misión”? Era el sacerdote o el religioso que dejaba todo para “catequizar los infieles/paganos”; las religiosas (que vivían enclaustradas) se dedicaban a las oraciones. Solamente a partir del siglo XIX, también algunas religiosas (ahora de vida activa) comenzaron a partir para las “misiones”. La tarea de los laicos era solamente “rezar, ayudar materialmente y favorecer vocaciones”.

2)                 Después del Vaticano II (a partir de 1965):
Uno de los grandes cambios del Concilio Vaticano II fue el rompimiento con el modelo de cristiandad, con el eclesiocentrismo y con el cristomonismo que caracterizó a la Iglesia durante el segundo milenio. Esto llevó a nuevos horizontes especialmente en la Eclesiología y la Teología de la Misión en las últimas décadas. Entre las principales podemos destacar:
a)      Superación de la Cristiandad y recuperación de la eclesiología del Pueblo de Dios:
- Pueblo de Dios
En este proceso la Iglesia es definida como Pueblo de Dios, evitando “restringir la tarea profética, real y sacerdotal solamente al papa, a los obispos y sacerdotes. De esta definición se deduce también la profunda igualdad entre los cristianos”[2] . La jerarquía debe estar al servicio del Pueblo de Dios y no al contrario.
Se pasó de una Iglesia triunfalista, ‘potestas’ (poder, jerarquía, sociedad perfecta) y jurisdicista a una Iglesia servidora de la humanidad (GS – Gaudium et Spes 40-43), seguidora de Jesús pobre y humilde (LG – Lumen Gentium 8), semilla del Reino (LG 5). Se pasó a tener la concepción de la Iglesia como sacramento de salvación (no es la salvación, sino que es señal e instrumento de esta salvación), que está presente en la historia del pueblo y es misterio (y no solamente el tiemplo, el clero, las leyes…).

- Comunión
Antes la Iglesia era identificada con el “clero” (jerarquía), siendo los laicos tratados como “cristianos de segunda categoría”. Ahora hay un cambio de sujeto eclesial: todos los bautizados forman el “Pueblo de Dios” (LG 2). Hay el redescubrimiento de la comunitas, koinonía, comunidad  (cf. LG, DV – Dei Verbum, AG – Ad Gentes, PO – Presbyterorum ordinis, PC – Perfectae Caritatis), y un un retorno católico a las fuentes bíblicas de la Revelación (DV), y la apertura a  un fuerte espíritu ecuménico (UR – Unitatis Redintegratio, DH – Dignitatis Humanae, AG).
“Al hablar de la Iglesia, el Concilio Vaticano II piensa, primariamente, en la comunidad de los fieles y en su función en la salvación del mundo. La misión es algo que debe ser sentido y vivido comunitariamente. En cualquier lugar, la misión es privilegio y responsabilidad comunitaria de la Iglesia Universal”[3].
- Colegialidad e Iglesia Local como responsable de la misión:
Se restablece el valor de la colegialidad de los obispos[4], respetándose la autonomía de las Iglesias particulares. El mundo fue dividido en diócesis, cada una con su pastor y guía, pero al mismo tiempo se reconoció  que “la Iglesia es, en efecto, una familia de iglesias locales en que cada una debería estar abierta para las necesidades de las otras y dispuesta a compartir sus bienes espirituales y materiales con ellas”[5] (cf. LG 23,26).
“Es un aspecto decisivo de la eclesiología de comunión que rompe con el esquema piramidal, en el cual la Iglesia parecía ser una única e inmensa diócesis que tenía a frente el papa, y convirtiendo a  los otros obispos en instrumentos  de transmisión de esas orientaciones de Roma”[6].

b)      Origen Trinitaria de la Misión:
La misión tiene su origen en el misterio de la Trinidad, y está fundamentada en el proyecto de amor de Dios para el mundo. Este proyecto fue revelado por Jesús, siendo el Espíritu Santo el protagonista de la misión. Así, se llega a la conclusión de que “la Iglesia peregrina es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (AG 2).
Esta misión revela el plan de Dios en la historia humana, basada en el proyecto del Reino, siendo responsabilidad de la Iglesia continuar el camino misionero, no ser sustituta de Dios. Pues Dios es la fuente, el método y el fin de la misión. Así se abren nuevas perspectivas para la fundamentación, la motivación, el dinamismo, la metodología y sustentación de la misión.

c)      La misión como responsabilidad de todos los bautizados
Otro paso significativo dado fue en lo referente a los responsables por la misión, donde se recuerda que los pastores no son los únicos agentes. “Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo” (LG 32).
Esto “hace que no se pueda pensar más en la misión como tarea pastoral más o menos aislada de esto o de aquel misionero, de esto o aquel instituto misionero, tampoco como una tarea en que unas  Iglesias (del viejo occidente cristiano) apenas tengan que dar y nada a recibir, al contrario de otras Iglesias locales (de las tierras de misión) que apenas tendrían que recibir y nada podrían dar”[7].
Así, con el Vaticano II, se reconoce también la responsabilidad específica del laico en la misión (apostolado) de la Iglesia y la necesidad de una mayor atención en cuanto a la actuación en el mundo (AA – Apostolicam Actuositatem). Apostolado indica “enviado” a una misión, mostrando que “toda” la Iglesia es enviada. La misión del laico es la misión de la Iglesia: anunciar la Buena Nueva del Reino por la manera de vivir en comunión fraterna y la participación en la construcción del mundo,  por su modo de ser cristiano. Por ejemplo, si un cristiano es médico, siendo médico tiene el derecho de participar dentro y fuera de la Iglesia – él es pueblo de Dios que vive en comunión y participación, pues la dicotomía “el clero dentro y el laico fuera” está, por lo menos  en el papel,  superada.
Una actitud práctica post-conciliar fue el surgimiento, con la participación activa de laicos, de los Consejos Pastorales, de propios Consejos locales, regionales y nacionales de Laicos, y  la apertura y reconocimiento de los “ministerios laicales” por parte de la Iglesia.

d)      Apertura, dialogo y libertad:
Uno de los grandes objetivos del Concilio fue, justamente, abrir un mayor dialogo con los “hermanos separados”[8] (UR), con los no-cristianos[9] (NA – Nostra Aetate) y con la humanidad (GS), pues la Iglesia reconoce que todos los seres humanos constituyen una sola comunidad, llamada a demostrar, a través de la caridad y de la unión, el camino del respeto mutuo, de la  libertad religiosa y de la búsqueda del bien común (cf. DH, NA, GS). Pablo VI, en el inicio de su pontificado, abre caminos  para esto, afirmando que “la Iglesia es diálogo”: “La Iglesia debe entrar en diálogo con el mundo en el que vive. La Iglesia se hace palabra, se hace mensaje, se hace coloquio. (…) En el diálogo, así entablado, se realiza la unión de la verdad y de la caridad, de la inteligencia y del amor” (Encíclica Ecclesiam Suam,  nn.38 e 47).
De esta manera, se abre el paradigma para el diálogo y para una teología ecuménica. Al mismo tiempo, la Iglesia se abre y, después de siglos de negación de la modernidad, hace un camino de revalorización de las realidades terrenas (diálogo con el mundo), a través de un diálogo con las ciencias y con la modernidad, donde la Iglesia auxilia la actividad humana, pero también recibe ayuda del mundo (cf. GS 40-45). “La Iglesia pretende ayudar a todos los seres humanos de nuestro tiempo a hacer  el mundo más conforme a la sublime dignidad de la persona y aspirar a una verdadera fraternidad universal”[10].
En este intercambio con el mundo, la Iglesia tiene el único fin de realizar el Reino de Dios (cf. GS 39,45,72). La salvación es la participación en la vida de Dios, basándose en el empeño por la justicia y por la paz, y en la promoción humana integral, pues la “inserción en la realidad, conciencia histórica, contemporaneidad, sin concesiones a los modismos, y visión utópica delinean el campo semántico del aggiornamento”[11].

e)      Nuevos tiempos:
El tema central de la Gaudium et Spes es sobre la atención a los “nuevos tiempos” (cf. GS 4,11,44) y sobre el Pueblo de Dios en el mundo, como señal del Reino de Dios. “En virtud de su misión de iluminar el mundo entero con el mensaje de Cristo y de reunir en uno sólo espíritu todos los seres humanos de cualquier nación, raza o cultura, la Iglesia constituye una señal de aquella fraternidad que hace  posible y fortalece el diálogo sincero”[12].
Es necesario escrutar los signos de estos nuevos tiempos para responder, de modo adecuado a cada generación y a los perennes interrogantes del Hombre. El Hombre de hoy vive en un período de rápidas mutaciones, y con frecuencia, se queda incierto y dudoso; aún teniendo grandes riquezas, sufre en muchas regiones del mundo a causa del hambre y del analfabetismo; el sentido de libertad y alimenta formas de esclavitud; tiene el sentido de unidad y fomenta contrastes políticos y raciales; al progreso temporal no corresponde un adecuado progreso espiritual; suceden cambios profundos, sociales, sicológicos, morales y religiosos, contrastando con un cierto desequilibrio en el mundo contemporáneo y en la búsqueda de aspiraciones más universales de la humanidad, de justicia política y social (cf. GS 4-10).
En este contexto, se observa que el mensaje evangélico y la cultura humana tienen rasgos comunes, llevando a redefinir que es misión: “en los procesos que llevaron a la redefinición de la misión, se observa el paso de una Iglesia que tiene misiones territoriales, por las cuales hace colectas y pide oraciones, a una Iglesia en la cual la misionariedad representa la orientación fundamental de todas sus actividades”[13].
Consideraciones finales:
Durante los últimos siglos y hasta el día de hoy sentimos un florecer de prácticas que se desenvuelven: sentimos que hubo muchos cambios, algunos drásticos, en la eclesiología y vivencia de la fe después del Concilio Vaticano II que generó cierta confusión en mucha gente y grupos religiosos y civiles. Muchos trabajan valerosamente por fortalecer la vivencia eclesial de la fe, inculturada en las culturas y manteniendo la fidelidad a la tradición cristiana, y otros se refugian en fundamentalismos religiosos para defender prácticas pertenecientes a la época de la cristiandad.
Según el misionólogo Paulo Suess nuestra práctica de evangelización y presencia cristiana en el mundo, en las culturas y en la historia puede ser de[14]:
-         Destruir la identidad de los otros a través de una colonización que impone el propio modo de ser como normativo; esta presencia destructiva presupone, generalmente, alianzas con el poder político y estructuras autoritarias en la propia Iglesia;
-         Perder su propia identidad mediante una modernización que somete el proyecto del Reino a la normatividad del mundo;
-         Protegerse de la pérdida de identidad a través de un cerramiento fundamentalista;
-         Practicar una inculturación a medio camino como aculturación, adaptación, traducción o asimilación;
-         Practicar una inculturación propiamente dicha que procura vivenciar el misterio de la encarnación/liberación en la realidad de los pueblos.
Ojalá hagamos caminos teniendo en vista la invitación de Jesús “id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda creatura” (Mc 16,15), haciendo un camino de discernimiento y construcción de puentes para hacer posible que el proyecto del Reino de Dios se cumpla entre todos los pueblos, teniendo presente que la misión es responsabilidad de todos los bautizados y bautizadas, dentro del proceso de integración del anuncio y del diálogo, en y con diversas culturas.
* Julio Caldeira, imc, misionero en Ecuador.


[1] En nombre de este principio, suceden también absurdos: justificación de guerras-santas, se toleraba e incentivaba, en algunos casos, la esclavitud y muchas otras cosas, desde que fuera permitido cuidar de las almas de los individuos. Entretanto, también surgieron voces proféticas que defienden los indígenas (Montesinos, Las Casas, etc.) y cuestionan la manera de realizar las misiones-colonizadoras y la evangelización.
[2] MOSER, Hilário. Concílio Vaticano II: você conhece? Síntese dos documentos conciliares. São Paulo: Ed. Salesiana, 2006, p.13.
[3] OLIVEIRA, Ednilson T. e MURA, Francesca. A Missão além-fronteiras: um estudo a partir dos documentos do Concílio Vaticano II. São Paulo: CXAM, 2005, p. 8.
[4] En los años que suceden al Vaticano II, Pablo VI crea el Sínodo de los Obispos para discutir sobre las cuestiones relativas a la vida, doctrina y misión de la Iglesia.
[5] BOSCH, David. Missão transformadora: mudanças de paradigma na teologia da missão. 2ª ed. São Leopoldo, RS: Sinodal, 2007, p.456.
[6] NUNES, José. Teologia da Missão: notas e perspectivas. Lisboa: OMP, 2008. p.52.
[7] NUNES, José. Op. cit. p.52-53.
[8] El Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos dejó de usar esta expresión y pasó a usar “hermanos de otras confesiones cristianas”.
[9] Este asunto es tratado, principalmente, en la Declaración Nostra Aetate (NA), resaltando el diálogo con el judaísmo y con el islamismo.
[10] MOSER, Hilário. Op. cit. p.24.
[11] SUESS, Paulo. Op. cit. p.121.
[12] MOSER, Hilário. Op. cit. p.24.
[13] SUESS, Paulo. Op. Cit. p.221.
[14] SUESS, Paulo. Evangelizar a partir dos projetos históricos dos outros. São Paulo: Paulus, 1995, p.221.

quinta-feira, 8 de março de 2012

Posse de Dom Paolo Mietto como Administrador Apostólico em Sucumbíos – Equador.

Por: Julio Caldeira, imc *

Neste dia 07 de marzo de 2012, na Catedral N.Sra. do Cisne, às 10h, em Nueva Loja (Lago Agrio), capital da província amazônica de Sucumbíos – Equador, Dom Paolo Mietto, csj, bispo titular de Muzuca de Bizacena y Vigário Apostólico Emérito de Napo, tomou posse como Administrador Apostólico, sede plena, do Vicariato de San Miguel de Sucumbíos. Sua nomeação fez renascer a esperança de que a paz, a reconciliação e a unidade são possíveis em Sucumbíos, depois de 17 meses de conflitos sócio-religiosos.

Dom Paolo Mietto, CSJ, nasceu em Pádua (Itália), no dia 26 de maio de 1934. Realizou seus estudos secundários em Institutos dirigidos pelos padres josefinos e os de Filosofia e Teologia no Instituto São Pedro da cidade de Viterbo. Foi ordenado sacerdote no dia 30 de março de 1963. Desempenhou vários cargos de importância entre os quais a cátedra de Teologia Dogmática em comunidades dos padres josefinos, a quem está confiado o Vicariato Apostólico de Napo. Foi eleito Superior Geral da Congregação de São José (Josefinos de Murialdo) no ano de 1982 e reeleito para um segundo período consecutivo como tal. Em setembro de 1994, o papa João Paulo II o nomeou bispo coadjutor do Vicariato Apostólico de Napo – Equador. Em 1996 sucedeu no governo pastoral a Dom Julio Parise, CSJ, como bispo Vigário Apostólico de Napo. Em 2010 o papa Bento XVI aceitou sua renúncia por limite de idade e no passado 10 de fevereiro de 2012 o nomeou como Administrador Apostólico sede plena do Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos.

Durante sua intervenção Dom Paolo Mietto resgatou os 40 anos de labor pastoral de Dom Gonzalo López Marañón y o trabalho de décadas dos carmelitas descalços à frente do Vicariato. Disse que está contente de estar aqui e que porá todo empenho para ajudar que o povo católico de Sucumbíos chegue à reconciliação e unidade: “tenho um sonho, um sonho que desde hoje assumamos todos, bispos, religiosos, sacerdotes, consagrados e todo o povo: o desafio de fazer do povo católico que vive em Sucumbíos uma igreja missionária e profética, fazer de San Miguel de Sucumbíos uma verdadeira casa e escola de comunhão”.

Como primeiro gesto de serviço e abertura, como pastor dos fiéis de Sucumbíos, ficou no final da celebração a escutar e receber as homenagens de todos que se aproximaram a ele. Sem dúvida, como disse o comentário inicial da celebração, “nossa Igreja de San Miguel de Sucumbíos se enche de gozo ao acolher como Administrador Apostólico a Dom Paolo Mietto. Roguemos ao Senhor para que o Espírito Santo guie seu labor pastoral em benefício do Povo santo de Deus”. Todos em seus panfletos destacaram os sentimentos do povo em Sucumbíos: “Bem vindo Dom Paolo Mietto!”

* Julio Caldeira, imc, missionário da Consolata na Pastoral Indígena de Sucumbíos – Equador.

sábado, 18 de fevereiro de 2012

Agradecimento... Profissão Perpétua e Ordenação Diaconal

Sucumbíos – Equador, 16 de fevereiro de 2012.
Festa do Bem Aventurado José Allamano, fundador da “família Consolata”

“Alegres na esperança”
Profissão Perpétua e Ordenação Diaconal de Julio Caldeira

Queridos/as amigos/as, gostaria de partilhar com vocês a vivencia dos dois últimos momentos especiais na minha vida missionária e religiosa:

Primeiramente, minha Profissão Perpétua a Deus pelos votos de castidade, obediência e pobreza segundo o carisma dos Missionários da Consolata, realizado no dia 27 de janeiro, na paróquia N. Sra. de las Misiones, em Bogotá – Colombia, na celebração de conclusão da Conferencia Regional Colombia-Equador, presidida pelo vice-superior geral, Pe. Dietrich Pendawazima, e que contou com a participação da “família Consolata” (missionários, missionários e leigos/as missionários da Consolata) e de dezenas de fiéis e amigos/as. A liturgia foi animada pelo Seminário Teológico IMC de Bogotá (CAFTI). Na homilia o Pe. Penda recordou que “o compromisso missionários por toda a vida torna presente e visível o projeto que Jesus Cristo veio anunciar y nos ensinando a passar muitas vezes ‘à outra margem’”. Agradeço a Deus por que depois de dez anos com os missionários da Consolata fui conhecendo e amando esta “família” entre altos e baixos, dificuldades e muitas alegrias. Só posso dizer como disse a Virgem Maria: “Eis aqui o servidor do Senhor, faça-se em mim segundo a sua Palavra” (cf. Lc 1,38).

Outro momento foi minha Ordenação Diaconal para o serviço ao povo de Deus realizada no dia 11 de fevereiro, na comunidade indígena kichwa chamada Silvayaku, no município de Putumayo, província de Sucumbíos – Equador (no “Santuario ecológico da Amazonia”, como expressou o superior regional Pe. Joaquín Pinzón). A celebração foi presidida por Dom Ángel Políbio Sánchez Loaiza, Delegado Pontifício para Sucumbíos, e participaram cerca de 350 pessoas: onze missionários da Consolata (dez sacerdotes e um jovem missionário), todos os sacerdotes diocesanos encardinados e diáconos permanentes, cinco sacerdotes colaboradores, um leigo missionário da Consolata, as irmãs lauritas, marianitas, teresianas, carmelitas do Sagrado Coração e as da Providencia, o irmão coraçonista, e varias comunidades indígenas e campesinas do município de Putumayo, bem como representantes das comunidades e das equipes missionárias dos outros municípios e de todas as pastorais do Vicariato de Sucumbíos: das unidades pastorais indígena, urbana, afro e campesina das diferentes zonas e setores, os seminaristas diocesanos, a Rádio Sucumbíos, a Pastoral Social e os movimentos Juan XXIII e Renovação Carismática Católica da Igreja de Sucumbíos. Também participaram várias crianças da Infância Missionária e jovens do Grupo Juvenil Indígena, algumas organizações populares presentes em Sucumbíos e minhas conterrâneas Alenyr (que me apresentou à Consolata e foi minha madrinha de ordenação), Leda e Isabel Vizeu.

No transcurso da celebração, que contou com significativa participação dos/as fiéis e do grupo de música cantando em espanhol e kichwa, muitas vezes no meu coração ecoava (e expressei no final) que “devemos estar alegres na esperança que vem de Deus para que juntos cheguemos à paz e reconciliação em Sucumbíos e no mundo”. Na homilia Dom Ángel recordou que “a grandeza da vida cristã consiste em amar como ama Deus. Um amor que se manifesta no dom total de si mesmo, como Júlio César há feito no serviço às comunidades desta região do nosso Vicariato”.

Sem dúvida, esta celebração foi um sinal muito forte de esperança neste novo momento do Vicariato com o anúncio oficial feito por Dom Ángel Políbio, no final da celebração, de que o santo Padre Bento XVI nomeou como novo Administrador Apostólico com sede plena para o Vicariato de San Miguel de Sucumbíos a Dom Paolo Mietto, josefino e bispo emérito de Tena – Equador. (cortar frase seguinte) Sinto muita alegria de viver este momento no meio do povo que me acolheu neste ano de 2011-2012, sempre “alegre na esperança” (cf. Rm 12,12).

Agradeço a todos/as que estiveram presentes nas celebrações, bem como a meus familiares no Brasil, amigos/as, formadores e pessoas que tornaram possível que eu chegara a este momento de minha vida com muita “fé, esperança e amor” ((cf. 1Cor 13). Ao mesmo tempo, agradeço pelas centenas de mensagens que recebi de varias partes do Brasil, Argentina, Colômbia, Equador, Peru, Venezuela, México, Estados Unidos, Paraguai, Haiti, Alemanha, Espanha, Itália, Portugal, Suíça, França, Irlanda, Coréia do Sul, Índia, Quênia, Congo, Etiópia, Costa do Marfim, Moçambique, Tanzânia, Senegal, Angola, África do Sul, Djibuti, Uganda e Zâmbia.

“Não corresponderemos nunca suficientemente à graça da vocação; façamos, porém, da nossa parte tudo o que pudermos e Deus fará o resto” (Bv. José Allamano).
Assim, só posso desejar que Deus continue abençoando esta opção para o qual me chamou e que eu possa ser fiel em todos os momentos.

A todos/as, unidos na oração e na amizade, deixo meus sinceros agradecimentos.

Julio César Caldeira Ferreira, imc
(diácono e missionário da Consolata)


Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos

Vía Aguarico, Km 2 ½, Nueva Loja, Sucumbíos – Equador
juliocaldeira@yahoo.com.br

terça-feira, 14 de fevereiro de 2012

“Alegres en la esperanza” (Rm 12,12) – Ordenación Diaconal de Julio Caldeira, imc

En un hermoso día ofrecido por Dios, en el marco de la fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes y del Beato José Allamano, fundador de los Misioneros y Misioneras de la Consolata, se realizó la Ordenación Diaconal de Julio César Caldeira Ferreira, Misionero de la Consolata, de nacionalidad brasileña, quien hace un año está acompañando las comunidades indígenas del Cantón Putumayo, en jurisdicción del Vicariato Apostólico de Sucumbíos - ISAMIS, en Ecuador.

Fue significativa la participación de la gente: eran cerca de 350 personas provenientes de casi toda la Provincia. Con varias comunidades indígenas y campesinas del Cantón Putumayo, para acompañar esta sentida celebración realizada en la comunidad indígena kichwa Silvayaku, se dieron cita representantes de las comunidades y de los equipos misioneros de los demás cantones y de todas las pastorales: indígena, urbana, negra y campesina de las diferentes zonas y sectores, Seminario La Encarnación, Radio Sucumbíos y área de proyectos de pastoral social, y de los movimientos apostólicos Juan XXIII y Renovación Carismática de la Iglesia de Sucumbíos.

Algunos equipos misioneros y comunidades presentes. De Pastoral Indígena: San José del Aguarico (Hermanas Lauritas y Ministerios), Colegio Inter-cultural Bilingüe Abya Yala (Voluntario y Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón), Palma Roja (Misioneros y laicos de la Consolata y estudiantes); EPI Centro (Misioneros y laicos de la Consolata); de Pastoral Negra: Claritza Méndez; de Pastoral Campesina: Parroquia S. Isidro en Vía Colombia (Sacerdote diocesano local, Ministerios y otr@s laic@s), Dureno (Sacerdote diocesano local de COIM y laic@s), Pacayacu, (Hermanas Marianitas y Ministerios), Vía Coca (Ministerios y otr@s laic@s), Lumbaqui y Casa de Espiritualidad Monte Carmelo (laica y Hermanas de la Compañía de Santa Teresa), Colegio San Miguel de Puerto El Carmen (Hermanas y misioner@s laic@s de la Providencia); Sevilla-Cascales (misionera laica y Ministerios), Aguas Negras (Cuyabeno y Putumayo: Sacerdote diocesano local, Ministerios y otr@s laic@s); de Pastoral Urbana: Sacerdotes diocesanos locales, sacerdotes colaboradores, misionera COIM, Hermano Corazonista, Ministerios y otr@s laic@s de los cuatro sectores: centro, sur, este, Parroquia Divino Niño y San José Obrero.

La Celebración Eucarística, presidida por Mons. Ángel Polibio Sánchez Loaiza, Delegado Pontificio para Sucumbíos, comenzó cerca de las 10:30 a.m. en la comunidad indígena Kichwa de Silvayaku, concelebrando con él los padres diocesanos locales Edgar Pinos, Pablo Torres, Santos Masa y Raúl Usca, los sacerdotes colaboradores P. Luis Satián, Miguel Corral, Wilson Yarama, Pablo Silva y Miguel Montero y once misioneros de la Consolata provenientes de Kenya, Uganda, Colombia, Italia y Argentina, acompañados de los diáconos permanentes del Vicariato.

Se dio inicio de manera sencilla, con el cordial saludo de acogida por parte del Presidente de la Comuna, Carlos Machoa, quien resaltó que “con mucho orgullo recibimos a todos para este encuentro donde nuestro hermano Julio Caldeira, hoy día hace su voto perpetuo ante Dios y a la vez nos da un ejemplo a cada uno para que sigamos los mismos misterios del Señor que nos invita cada día a dar un paso más adelante a construir el Reino de Dios”.

En el transcurso de la celebración, con significativa participación de los y las fieles y el grupo de música cantando en castellano y en kichwa, Mons. Ángel recordó que “toda vocación especifica nace de la iniciativa de Dios, es don de la caridad de Dios, es Él quien da el primer paso y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. (…) La grandeza de la vida cristiana consiste en amar como ama Dios. Un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo, como Julio César ha hecho en el servicio a las comunidades de esta región de nuestro Vicariato”.

Al final, el Superior Provincial de los Misioneros de la Consolata de Colombia-Ecuador, Padre Joaquín Pinzón, expresó tres sentimientos de gratitud “por sentirnos, como Misioneros de la Consolata, bendecidos, acogidos y acompañados (…) por este Santuario de la Amazonía que Dios nos ha regalado, un santuario ecológico y fuente de vida, y por la Iglesia de Sucumbíos que ha sido la comunidad y familia de fe de Julio y de los Misioneros de la Consolata”.

El neo-diácono Julio Caldeira resaltó que “es una alegría estar aquí y estar compartiendo con ustedes este momento importante para mi vida y para la vida de tantas personas que en estos 32 años hicieron posible que yo estuviera aquí en este momento. Agradezco, de manera especial, a mis tres familias que tengo importantes en mi vida: a mi familia de sangre que tengo en mi corazón y que me impulsó, me dio la vida y la posibilidad de dar los primeros pasos; a mi familia Consolata, que hace diez años conocí por medio de mi madrina Alenyr Vizeu, -presente en esta celebración-, familia que fui conociendo y amando entre altos y bajos, dificultades y muchas alegría; y a mi familia de fe que son cada uno de ustedes que comparte la vida conmigo en este momento y a todos los amigos y amigas que pasaron por mi vida, que hicieron posible que yo estuviera aquí en este momento”. Agradeciendo a la Iglesia de Sucumbíos y a las 23 comunidades indígenas kichwas que le enseñaron muchas cosas, sobre todo a ser más paciente en todo, concluyó diciendo que “debemos estar alegres en la esperanza que viene de Dios juntos por la paz y la reconciliación en Sucumbíos y en el mundo”.

Sin duda, esta celebración es un signo muy fuerte de esperanza en este nuevo momento de camino del Vicariato con el anuncio oficial hecho por Mons. Ángel Polibio al final de la celebración, de que el Santo Padre Benedicto XVI anunció que el Administrador Apostólico con sede plena para el Vicariato de San Miguel de Sucumbíos es Mons. Paolo Mietto. “Estemos unidos en los preparativos sencillos y humildes de un pueblo que acoge, espera y desea el acompañamiento de él, con la celebración que ha de realizarse en su debido momento”, dijo Mons. Ángel.

Julio Caldeira, imc


sexta-feira, 3 de fevereiro de 2012

Ordenación Diaconal

INVITACIÓN

Los misioneros de la Consolata y la Pastoral Indígena del Vicariato de Sucumbíos invitan a todas las comunidades indígenas y campesinas del Cantón Putumayo y de la provincia de Sucumbíos para la Celebración Eucarística de la ORDENACIÓN DIACONAL del Hno. Julio Caldeira, misionero de la Consolata. La celebración se realizará día 11 de febrero a las 10 a.m., en la comuna Silvayaku (cantón Putumayo) y será presidida por Mons. Angel Polibio Sanchez, delegado pontificio para Sucumbíos.

Aguardando la presencia de todos, les deseamos paz y bien en su labor al servicio del pueblo de Dios.

Fecha: 11 de febrero del 2012 a las 10 a.m.


Lugar: Comunidad indígena Silvayaku - Cantón Putumayo (Sucumbíos-Ecuador)

terça-feira, 24 de janeiro de 2012

Vida Comunitaria y Consejos Evangélicos

Por: Julio Caldeira, imc

No tengo mucha facilidad para colocar en el papel mis pensamientos, pero buscaré hacer de la mejor forma posible.

Cuando fue propuesto escribir sobre la vivencia de la Vida Comunitária y de los Consejos Evangélicos, me vino a la mente lo que dice la Constitución IMC 4: “El Instituto es una familia de consagrados para la misión ‘ad gentes’ por toda la vida, en comunión fraterna, en la profesión de los consejos evangélicos, y teniendo a María como modelos y guía”.

A partir de esto, reparto esta reflexión en cuatro partes:

1. “familia de consagrados para la misión ‘ad gentes’ por toda la vida”

Para mi, vivir en comunidad es como vivir en una nueva familia, que nos une por estamos de acuerdo acerca de la naturaleza y fin de la misión, que sería valorar y profundizar el compromiso vocacional y construir el Reino de Dios, buscando mantener la unidad de intentos (como planteaba el padre fundador José Allamano), conociéndose verdaderamente y conociendo los valores por el cuál quiero ofrecer toda mi vida: el seguimiento de Jesús en y para el servicio de los hermanos en la misión.

Para mí, entre tantos otros, , hay dos presupuestos importantes para la vivencia en familia:

1º: El sentido de pertenencia, o sea, sentirse verdaderamente parte de esta familia, el que faz crecer y querer el mejor para ella;

2º: El sentido de individuación, o sea, no basta sentirse miembro de la comunidad; es preciso tener el propio espíritu, tornándose una persona madura que aporta, con sus valores, a la comunidad (con iniciativas para el crecimiento de la comunidad), transformando las relaciones en un amor oblativo y desinteresado, o sea, buscando conocer y amar al otro respetando su autonomía, libertad, personalidad y aportando para el crecimiento mutuo y para superar las dificultades.

Para eso, tenemos expresiones de esta complementariedad (oración, formación, trabajo, reglamento, horarios, encuentros, correcciones fraternas, vacaciones, etc.), en espíritu de comunión (Conf. Const. IMC 24-25), abiertos al diálogo que nos ayuda a tener una visión clara y realista de nosotros mismos y de nuestro hermano… Como relación al superior, destaco la importancia de esto, como modelo y guía espiritual para la comunidad, pero veo que no es más una relación superior – subordinado, sino que una relación entre “hermanos”, donde cada no da y recibe mutuamente, poniendo los valores evangélicos como base de nuestra vida, ayudándonos a ser fieles a nuestra vocación de discípulos de Jesús.

Veo que para eso es importante tener justamente este líder/superior/maestro, que nos ayuda a interiorizar los valores, ayudando a cada uno a formar su propia identidad y mantener el grupo abierto a los valores y al signo de los tiempos. Como misioneros de la Consolata, tenemos una identidad propia (somos misioneros para la misión), que debe ser valorada y fortalecida durante la formación de base y siempre reforzada durante la formación permanente.

2. “en comunión fraterna”

Sé que en la comunidad hay realidades que causan conflictos; pero el importante no es tener conflictos, sino en como afrontarlos, haciendo del conflicto una oportunidad de conversión y crecimiento, tanto personal como comunitario, dentro de la madurez que se necesita para la buena vivencia y la construcción del Reino de Dios: “en la vida común queremos hacer realidad la palabra del Señor: ‘En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros’ (Jn 13,35); vivimos el misterio de la Iglesia, pueblo de Dios reunido por el Espíritu; maduramos y realizamos nuestra vocación de enviados a los hombres.” (Const. IMC 21)

Para mí, a partir de la opción en estar y hacer parte de los misioneros de la Consolata, un elemento muy importante es la composición multicultural de las comunidades, que nos abre al esfuerzo continuo de comprender al otro. “Se entra así en la dinámica de dar y recibir, un compartir que hace crecer en el diálogo, en la confianza mutua y en el reconocimiento de nuestra diferencias”.

El ambiente para eso es muy importante. Debemos tener en cuenta que las casas de formación y las comunidades misioneras del Instituto deben llevar el misionero (en sus distintas etapas de la vida) a buscar esta santificación, que no es puramente una idea o algo abstracto, sino que se da a través de la vivencia de los valores y con actitudes que nos revelen como auténticos discípulos de Jesucristo, que nos interpela que debemos “ser perfectos con el Padre del cielo es perfecto”(Mt 5,48). Mis grandes cuestionamientos son con relación a la vivencia de esta santidad que se da a nivel personal y que se debe motivar el la comunidad y ejemplo da cada uno.

Valoro mucho la elaboración de los Proyectos Personal y Comunitario de Vida como medio de se crecer como persona-misionero y como comunidad misionera.

3. “Profesión de los Consejos Evangélicos”

Directamente ligado a la vida comunitaria, están la profesión y vivencia de los consejos evangélicos, teniendo en cuenta que la vocación religiosa es algo dinámico, en la cual se tiene que redescubrir constantemente; es esto es importante tener en cuenta el porque y las verdaderas motivaciones para se vivir los consejos evangélicos (Castidad, Obediencia y Pobreza), que son medios, caminos para responder, de forma concreta, al llamado de Dios. Veo que los votos son mediaciones y no fines para la vivencia de la consagración, para la convivencia de la vida comunitaria fraterna y para la realización del apostolado y de la misión, que nos hacen vivir la santidad de vida.

Siento que los votos son seriamente cuestionados en la sociedad en que vivimos y que, infelizmente, algunos religiosos (as) perdieron el sentido para vivirlos. Personalmente, ahora tengo más convicciones para reflexionar y vivir los votos no como algo pesado, una carga…, sino como una forma de integración humana e iluminado pela fe en el evangelio y en el seguimiento de Cristo, con un nuevo modo de vivir estos valores humanizantes permanentes, con alegría y fecundidad: “Castidad que se hace alegría profunda, pobreza que se traduce en solidaridad y obediencia que es expresión de profundo respeto por la dignidad de la persona humana” (José Lisboa). A partir de esto, la vivencia de los votos tienen sentido para mí:

- Castidad: A partir de una verdadera madurez psicológica y afectiva, este voto tiene sentido; destaco también el valor de vivirla por la fe, con confianza en Dios, con prudencia, mortificación y valorando la vivencia de una sexualidad y afectividad saludables, interiorizando los valores, como la imitación de Cristo, busca de la santidad, servicio a los hermanos… Veo que es el voto más relativizado en algunos religiosos, precisamente porque vivimos en un mundo erotizado y secularizado, donde se cuestiona fuertemente este voto. Esto es un gran cuestionamiento personal. Busco dar sentido a partir de algunos valores y actitudes: fidelidad, superar la castidad orgullosa, confiar en la ayuda de las ciencias humanas, tener un ambiente favorable, educarse para el autodominio, la mortificación, cultivar la interioridad, una castidad pobre y considerando la persona en su totalidad (conf. José Lisboa).

- Pobreza: Directamente es el voto que tengo menos dificultad para pensar y vivir; vine de una familia pobre financiera y espiritualmente, o sea, no apegada a las cosas y con a vivencia de la caja común – ayuda mutua. Delante del mundo post moderno y la lógica del consumismo veo que es importante tener la capacidad de ir más allá del aspecto económico, teniendo la capacidad de hacer un buen uso de las cosas disponibles y teniendo conciencia de vivir con el necesario para ser fiel a la misión. El sentido para vivir la pobreza es importante. Por eso es necesario tener una amor de unión a Cristo, tener despego, saber usar y ser responsable por lo que tiene en la comunidad, y hacer una opción preferencial por los pobres.

- Obediencia: Veo que es el punto de encuentro entre castidad y pobreza, compromiso de amar siempre más y la opción por compartir todo. Sin duda es fruto de un proceso interior (disponibilidad), de la Palabra de Dios y de los elementos que dicen respeto al valor comunitario de este voto; es muy necesario para la buena vivencia comunitaria y para ayudar a las personas a llegaren a una madurez humana y cristiana. Para eso, concuerdo con el que fue compartido pelo P. Rubén sobre la obediencia, que requiere de cada uno la capacidad de recibir, dar y compartir; de autonomía afectiva y autocontrol para resolver adecuadamente las frustraciones y para encarnar un ideal trascendente; adaptarse a nuevas situaciones y aceptarse a sí mismo, a los hermanos y la propia historia para interiorizar los valores del ideal con la fuerza del Espíritu y del yo.


4. “Teniendo a María como modelo y guía”

Recuerdo que desde pequeño tengo una admiración por María: siempre escuchaba hablar de ella (más aún que de Jesús). Pero, como fue creciendo, mi amor por Jesús creció y mi admiración por María también.

Ella es un modelo de mujer, que vive en comunidad: “Todos ellos (apóstoles) perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús (…)” (Hechos 1,14). Así, asumía su lugar como primera discípula de Jesús y animadora de la comunidad cristiana, que estuvo desde el principio a su lado…, siendo nuestro modelo y guía para nuestro encuentro verdadero con su hijo y maestro Jesús. Así, busco tenerla como ejemplo para mí opción de consagrarme y para asumir los consejos evangélicos (téngala siempre presente cuando rezo el “ángelus”):

- Castidad: “El ángel del Señor anunció a María; y ella concibió por gracia del Espíritu Santo” (Lc 1, 26-37). Desde que asumió ser a Madre de Jesús, ofreció su virginidad al Señor, entregándose y amando totalmente; abierta a acción de Espíritu. Es modelo de consagración y entrega de todo su ser al amor pleno y al servicio de Dios.

- Obediencia: “Eis aquí la esclava del Señor; hágase en mí según su palabra” (Lc 1, 38). María es la perfecta discípula que escucha las órdenes del Maestro y se entrega a su servicio, en espíritu de fe, acogida y fidelidad al proyecto de Dios. Obedecía para hacer la voluntad y porque sentía confianza en este que le llamó. Es modelo de aquella que participó de la obediencia de Cristo al Padre, que nos impulsa a querer también obedecer a la voluntad de Padre en nuestra vida y misión.

- Pobreza: “Y el verbo se hizo carne; y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). En este sentido, es importante observar como Dios se humilló y asumió nuestra condición (pobreza) humana. Y la Palabra de Dios se hizo carne en María. María, como su madre, era de una familia pobre, que vivía su condición: vivía en pobreza material, pero con total confianza y esperanza en Dios. Vive el espíritu de las bienaventuranzas y los exprime fuertemente en el Magnificat. Su ejemplo nos motiva a vivir con esperanza y libertad la condición y opción por los pobres, haciéndonos confiar en la gratuidad y providencia de Dios.